Petra Herrera, una guerrillera, la “Generala” en la Revolución mexicana


Siempre que contamos la historia de alguna guerra, nos encontramos con guerrilleros y caudillos, muy valientes y poderosos. Pero, ¿y las mujeres? Difícilmente nos enteramos de cuál fue el papel de ellas. ¿No había ninguna guerrillera? Resulta que una de las figuras más desconocidas, pero más representativas de la Revolución mexicana fue Petra Herrera, una mujer revolucionaria, alias “la Generala”.






Pero, ¿qué fue la Revolución mexicana?





Recién entrado el siglo XX, comenzó una de las etapas más decisivas para México: la Revolución mexicana. Se inició formalmente cuando dos caudillos, Pancho Villa y Emiliano Zapata, se levantaron en armas junto con miles de mexicanos y mexicanas para exigir, principalmente, que se devolviesen las tierras a los campesinos. Tierras que habían sido ultrajadas mediante una modernización obligada, comandada por el general Porfirio Díaz.

Porfirio Díaz había pasado de ser general a dictador. Llevaba más de 30 años en el poder. Había traído ferrocarriles pero, a cambio, se había cargado a los campesinos con reformas agrarias que terminaron beneficiando solo a los más ricos. Casualmente, muchos de ellos, inversores europeos y estadounidenses.

Había gobernado mucho tiempo creyendo en el proyecto de la modernidad y el progreso, con base en inversiones extranjeras. Por eso, gran parte de los recursos naturales del país pasaron a producir más beneficios externos que internos. Los dueños y los jefes de las empresas eran principalmente estadounidenses, mientras que los trabajadores locales estaban desprotegidos. Tenían salarios muy bajos, jornadas de trabajo excesivas, viviendas en muy mal estado, entre otras cosas (1).

 

Campesinos en pie de guerra


Ante las malas condiciones de vida, la dictadura evidente y un progreso y una modernidad que solo beneficiaban a unos cuantos, se desarrolló una oposición cuyo sector más fuerte estuvo del lado del campesinado.

Así, Pancho Villa junto con Emiliano Zapata representaban a los campesinos y a los líderes populares, y encabezaron el levantamiento en armas, a inicios del siglo XX (2).





Pero, ¿y las mujeres?


Sin duda, todos ellos fueron y siguen siendo figuras muy importantes para quienes hemos estado sistemáticamente oprimidos a lo largo del tiempo. Son personajes de los cuales hemos heredado la necesidad de reivindicarnos y emanciparnos. No obstante, son también figuras que ocupan una posición de poder frente a otras, por ejemplo, ante nosotraslas mujeres.

Muy poco sabemos sobre la participación de ellas en la Revolución mexicana. Incluso, probablemente, las imaginamos desde los modelos más tradicionales de género, o sea, en sus casas con los niños y haciendo la comida para cuando llegaran los guerrilleros. Tanto es así, que suelen ser representadas como mujeres heroicas, por haber estado detrás de sus maridos en cada batalla (3). Y si no, se las representa como prostitutas, estigma y discriminación incluidas.

De hecho, de ahí viene una de las figuras más tradicionales y contradictorias de la cultura popular mexicana, la “Adelita”, una mujer valiente y bella que es deseable como amante, igual que como esposa. Por eso es que la Adelita también representa a todas aquellas mujeres que, en anonimato, salieron a luchar por la revolución del país (4).

Petra Herrera “la Generala”, una guerrillera


No obstante, ahí no se acaba la historia de las mujeres que vivieron la Revolución mexicana. Algo que no nos cuentan en la escuela, y que no suele aparecer en los libros de Historia, son las mujeres que salieron a la lucha. Las mujeres con rifles y dispuestas a los golpes, que arriesgaron su vida defendiendo los ideales con los que se identificaban.



No es casualidad que no se nos ocurra pensar en ellas; es porque en la Historia no aparecen. Porque, si aparecieran, simplemente nuestra Historia sería otra. Será que nos cuesta mucho asumir que las mujeres podemos tener una posición de poder y protagonismo similar a la que tienen la mayoría de los hombres.

Una de las más famosas, aunque segurísimo que hay muchas otras, fue la guerrillera Petra Herrera. Desde muy pequeña, se identificó con los valores revolucionarios y decidió tomar las armas. Salió a defender lo que también era suyo: la tierra y el trabajo, y unas condiciones de vida justas.

Alias Pedro Herrera

 

Pero, ¿cómo iba una mujer a salir a luchar con armas, ante hombres guerrilleros?En primer lugar, no era posible que una mujer fuera guerrillera, porque ser mujer a principios del siglo XX significaba ser “el sexo débil“. Corrían un riesgo que los hombres no podían permitirles. Porque si las mujeres morían, quién se iba a encargar de los niños y la comida, ¿no?

En segundo lugar, porque el ejército y las fuerzas militares eran espacios para hombres. No solo para hombres, sino para “verdaderos hombres”, o sea, heterosexuales, masculinos, fuertes, poderosos y dominantes. De esos que siempre saben qué hacer y nunca se sienten vulnerables. Una mujer mujer guerrillera empoderada seguro que desafiaría su propia masculinidad y entonces, ¿cómo permitirles el acceso a las fuerzas armadas? Eso implicaría ponerse al mismo nivel que ellas, y bajar o equiparar su autoridad. Es decir, asumir tanto nuestro poder, como su propia vulnerabilidad.

Así fue como Petra Herrera supo que no podía unirse a las fuerzas armadas, que no podía ser una guerrillera, con su cuerpo y su nombre de mujer. Y entonces, ¡se los cambió! Se vistió como hombre y se convirtió en Pedro Herrera, solo para poder pasar como “uno de ellos” (5). De esta manera consiguió que le permitieran luchar en las mismas condiciones y con las mismas armas. Básicamente, podríamos decir que Petra transitó del género femenino al masculino, para poder alcanzar posiciones de poder y posibilidades de acción que, de otra forma, no hubiera obtenido. Fue una especie de Mulan a la mexicana, toda una guerrillera.

Después de eso ¿cómo sobrevivió?

 

No obstante, los compañeros no tardaron en darse cuenta. Lo bueno es que, para ese entonces, Petra ya tenía una autoridad y una posición de poder muy similar a la de ellos. Aún cuando ya sabían que era mujer, le dieron la libertad de asumir tareas importantes en la guerra armada, especialmente, en los primeros años (6).

Las leyendas cuentan que, además de llevar con orgullo el estandarte que representaba sus ideales, manejaba con habilidad las armas de fuego. También advirtió a los compañeros de que cualquier tipo de acoso no sería perdonado. Literalmente, les dijo quelos mataría sin remordimiento (7);  así era la Generala de la Revolución mexicana.

Participó como una de las primeras cabecillas. Y aunque nunca pudo alcanzar una posición de alto rango, se llamaba a sí misma “generala”, e incluso fue dirigente de varias escaramuzas. Precisamente, como no pudo obtener esos altos rangos, finalmente optó por crear su propio ejército junto con otras mujeres. En total fueron unas veinticinco mil, durante diferentes períodos (8), las soldados de la Generala. Cada una de ellas, advirtiendo siempre a los hombres que cualquier intento de acoso seria penalizado seriamente.




Y así es como Petra Herrera, alias Pedro Herrera, posteriormente conocida como “La Generala”, es una de las mujeres que nos puede enseñar, entre otras cosas, lo que significa la sororidadque significa solidaridad entre mujeres. Solidaridad que es necesaria porque, sin quererlo, nos encontramos en una relación desigual ante los hombres. La historia de Petra Herrera nos demuestra que la sororidad no es nueva, que funciona y, sobre todo, lo mucho que la necesitamos.


Referencias

 

(1) Silva, 1997.

(2) Porfirio Díaz había gobernado desde 1876 y consiguió reelegirse hasta 1911, después del levantamiento en armas que conocemos como la Revolución Mexicana. Uno de los personajes principales, que es menos conocido que Villa y Zapata, pero que también fue representativo de los ideales de Petra Herrera, fue Francisco Ignacio Madero, candidato a la presidencia que significaba una opción democrática importante y que fue asesinado poco tiempo después de haber ganado las elecciones.

(3) Salgado, 1985.

(4) Ruedo-Acedo, 2011. Retoma la obra de Elena Poniatowska, llamada Las Soldaderas, y hace un análisis de la participación de las mujeres en la revolución y cómo se han ocultado en la memora histórica.

(5) Historia, 2017.

(6) Fowler y Kay, 2003, pp. 160-170.

(7) Herrera, 1993.

(8) Fowler y Kay, 2003, pp. 160-170.

Bibliografía

 

  • Fowler, H. y Kay, M., 2003, Mujeres en el campo mexicano 1850-1990, Colegio de Michoacán, México.

  • Herrera, M., 1993, The Mexican Corrido: A Feminist Analysis, Indiana University Press, EUA.

  • Historia. El pasado es el futuro, 2017, “Petra Herrera la soldadura que luchó durante la Revolución Mexicana”, historia.com, 6 de julio de 2017. [En línea] Disponible en: https://es.historia.com/magazine/petra-herrera-la-soldadera-lucho-la-revolucion-mexicana/ (6 de marzo de 2018).

  • Ludlow, L., 1997, “Crecimiento económico y dependencia dentro del porfiriato”, Estudios Políticos, vol. 4, pp. 7-25.

  • Ruedo-Acedo, A., 2011, “Las soldaderas de Elena Poniatowska: Estampas femeninas de la Revolución”, Romance Notes, vol. 51, nº 3, pp. 423-431.

  • Salgado, E., 1985, “Fragmentos de historia popular II. Las mujeres en la revolución”, Secuencia, vol. 1, nº 1, pp. 206-2014.

  • Silva, S., 1972, Breve historia de la Revolución mexicana, 1: Los antecedentes de la etapa maderista, Fondo de cultura económica, México.



Fuente: Khronohistoria.com

Autora: Grecia Guzmán Martínez

Fotografía Portada: Fuente




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